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06

Armando Guerrero

Escritor de novelas históricas

Pisco, 1940-2020

Armando Guerrero
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INTRODUCCIÓN

Sobre el autor

Armando Guerrero

Biodata   / Armando Guerrero

Armando Guerrero Rodríguez (Pisco, 1940-2020). Natural de Pisco. Descendiente de inmigrantes chinos por línea paterna. El apellido original de la familia era Li, pero fue cambiado a Guerrero cuando su ancestro llegó al Perú. Hijo de Don Dionisio Guerrero Núñez e Isabel Rodríguez Ravello. Fue profesor, historiador, poeta y escritor. Ha dedicado gran parte de su vida a la labor magisterial. Publicó artículos sociopolíticos en el diario La Reforma de Pisco y en el diario La República. Es autor de obras literarias de carácter histórico:  El interminable viaje de John Chinaman (1987), Caen las hojas al viento (1998) y Las tinieblas ocultas (2017). Diversos medios de comunicación han destacado su producción literaria. La revista El Líder de Pisco lo consideró uno de los personajes más destacados del año 1998. Fue distinguido con el Premio Excelencia “Llave del Tercer Milenio” por la revista El Radar (Pisco) en los años 1997 y 1998. Su primera obra literaria El interminable viaje de John Chinaman fue difundida por la Revista Oriental y el diario La República. En vida, la Municipalidad Provincial de Pisco le otorgó la designación de “Hijo Ilustre de Pisco” y  le otorgó la “Medalla Cívica de la Ciudad”, conferida mediante Resolución N° 597-2018-MPP-ALC.

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Testimonio sobre la ascendencia China

por Sergio Guerrero (Hijo de Armando Guerrero Rodríguez)


Escuchar Testimonio

Sobre los ancestros chinos que llegaron al Perú. Todo comenzó con un chino culí llamado Aki Li. Él se transportó en barco desde China. Viajó tres meses aproximadamente hasta llegar finalmente al Perú. Y luego, él trabajó en las haciendas durante varios años, también trabajó en la construcción del ferrocarril central, y después ya libre de sus trabajos, conoció a Manuela Núñez, una ayacuchana, con la cual se casó y tuvo cuatro hijos: Rosa, Benigna, Benjamina y Dionisio. Justamente de ahí de esa línea de Dionisio, desciendo yo. Mi papá tuvo diez hijos: Efraín, Gilberto, Manuel, Sergio, Mario, Carlos, Edilberto, Armando que es mi papá, Dimas y Milton. En ese orden. Los diez  hijos nacieron en Pisco y forman parte de las generaciones de tusanes. Nosotros, desde pequeños, siempre hemos recibido de parte de él esta transmisión de la tusanidad y la descripción de nuestros antepasados. Él nos lo comentaba siempre, y más aún, esto era reforzado a través de los libros que escribió.

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Poemas & fragmentos
de escritos


01

Fragmento de la novela El interminable viaje de John Chinaman

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Aki se enamora

 

En sus contínuos recorridos por esas hermosas tierras, Aki se había formado un grupo de amistades; sin darse cuenta se sintió atraído por el amor de una noble india de nombre Manuela. Corría entonces la primavera de 1881 y él contaba con aproximadamente 58 años de edad, mientras que su novia tenía casi 21 primaveras, había pués una diferencia entre ambos de más o menos 37 años. Pero esto no fue motivo para dejar de quererse, a pesar de que ella había tenido un compromiso anterior del cual habían nacido varios vástagos. Formalizaron su compromiso. El adoptó el nombre cristiano de su padrino y, de aquí en adelante, se le conocería con el nombre de Manuel. Sus dos primeros hijos murieron a tierna edad. En octubre de 1884 nacía y se lograba una pequeña a la cual se le puso el nombre de Rosy, quien posteriormente crearían una numerosa familia en la ciudad de Pisco, donde sería muy conocida, El tiempo pasaba y los niños crecían hacia arriba, a diferencia de los adultos, que crecen a los costados. Habían pasado muchos años desde entonces. Un soleado día de verano, ausente de lluvias, conversaban tranquilamente ambos esposos: 

 

— Oye Manuel, creo que podríamos abrir un negocio. Observo que muchos viajeros llegan a este lugar donde hay escasez de hospedaje. Tú podrías dejar tu trabajo y entre los dos podríamos administrar nuestro local.  

 

— Lo mimo pensau yoo… .pelo necesitau local pee. Como puele. 

— He conversado con mi tía Rosario y ella dice que podemos ocupar esa casona de añejo patio de piedra, ladrillos y tejas, situada en la cuadra del Tambo.

— Bueno pee, que calaju, yo dejau tlabaju.

— Fíjate que incluso tengo un nombre apropiado para la casa pensión; le pondremos “Mama Sojos” y si el negocio prospera haremos fortuna que nuestras hijas podrían heredar; veo que están creciendo rápidamente las menores y noto que cada día se ponen más exigentes, sobre todo la mayor que nos exige grandezas y echa en cara nuestra modestia. Creo que tiene carácter para salir adelante.

— Sí, mucho poblema con eta hija, gutau mucho la plata, espelau sus hijos no son así.

 

En menos de una semana estuvieron instalados con sus hijas en la vieja casona de la cuadra del. Tambo. Esta era una casona edificada en la primera mitad del siglo XVII cercana a la Plaza de Armas y que aún en 1912 tenía en el centro un jardincito estrecho, estatuas y bancas de mármol agrupadas, lo demás era empedrado acentuando la desnudez y sobriedad del lugar.


02

Fragmento de la novela Caen las hojas al viento

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El año nuevo oriental

 

Ayate, un chino próximo a ser libre, circunspecto y de gran personalidad, estaba encargado de recepcionar el dinero destinado al gasto de las festividades y de rendir cuentas.

 

Al llegar el día esperado, el cielo apareció por la mañana claro, moderado y azúl como agua de mar, no soplaba viento sobre la tierra, las aguas seguían su curso normal y los campos grávidos de frutos brillaban intensamente incitando a la vida. Desde la medianoche anterior el estruendo de los cohetes había dado solemnidad al acto.

 

El amanecer había encontrado a Asén Limonero, Afá Manco y Achén Chico conversando en su idioma, sobre el número de personas que vendrían a las festividades y de lo bien que se sentían, en esos días libres de penurias y que ojalá la armonía reinase entre ellos durante su permanencia en la hacienda.

 

Cerca de la puerta principal de la casona, se encontraban Ajat, Chinfot, Achoy y Chintoy conversando de las labores cotidianas; luego trataban de ponerse de acuerdo en algunos aspectos obscuros para ellos del folklore de su país.

 

Aún, Funloy y Ajó daban los últimos toques a la ornamentación de la Pagoda, una especie de capilla de regular tamaño, levantada con materiales de la misma región y pintada de recargado color amarillo, celeste, rojo. Estaba alumbrada a pesar de ser de día por cuatro grandes faroles de seda y papel de diversos colores; al centro de la capilla se ubicaba el altar en la que figuraban tres estatuas o Santos hechos de madera. Esta extraña trilogía está compuesta por el Dios Kuong-Long al centro, que representaba a un ser de luenga y espesa barba, rostro de color rojo con una enorme espada en la mano derecha. El Santo del lado derecho representa a un Dios bastante joven de rostro blanco, llamado Yong-Long, a quien los fieles creen hijo de Kuong-Long, y a la izquierda el negro Dios de la guerra llamado Afay, de grandes ojos blancos, portando también una espada. Al costado del Santuario y sujeto a un madero colgaba el tradicional gong. 

 

Los responsables de levantar el Santuario se sintieron satisfechos de su obra y pronto pasaron a integrar el grupo de los celebrantes, desatándose la fuerte pasión de los chinos al escucharse en el espacio el estruendo de los cohetes, tratando de ahuyentar a los malos espíritus que acompañaron e hicieron daño en el año que finalizaba. Querían que el año nuevo se iniciara con buenos augurios, sin aquellos espíritus maléficos, por eso cargaban la atmósfera con el acre olor a pólvora.


03

Fragmento del libro Las tinieblas ocultas

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Dos emprendedores chinitos: Aurelio, después de once años. Andrés, después de diez años

 

Andrés se levantaba bien temprano todos los días de la semana, prendía su fogón para desayunar una taza de té acompañada de dos mimpaos que tanto gustaba, comprados en las tiendas del poblado, y caminaba desde su casa en la línea del tren donde tenía su terrenito hasta el mercado y viceversa distante por unos 800 mts., llevando siempre algo en la mano, y la preocupación del trabajo dibujado en su rostro; haciendo camino al andar. Su figura se hizo conocida por los lugareños que lo llamaban “chino pelao”, él sin inmutarse contestaba con un “hola” causando hilaridad.

 

Una soleada mañana de febrero de 1873, mes en que los culíes de las haciendas celebraban la fiesta de año nuevo con quema de cohetes, adoración a sus Santos y una gran comilona con invitados de diferentes estratos sociales, el chinito atendía tranquilamente a la clientela en su puesto de verduras, cuando de repente se escuchó un angustioso grito: ¡Cuidado! Se ha escapado un feroz toro. La gente que compraba en ese momento en los puestos huyó despavorida – sin pagar – buscando protección.

 

Andrés sorprendido vio a través de sus pequeñas mirillas visuales que el toro en carrera desenfrenada, echando humo por las cavidades nasales, se le venía encima, y trató de proteger su mercadería dando voces desaforadas: ¡júela miela júela! ¡pallla! ¡pallá! cole ¡pala! calajo. Gesticulando sus manos desesperado miraba a todas partes buscando una salida que no encontró. El toro atravesó el puesto de verduras llevándose de encuentro al “chino”. ¡Aaauua junaglamputa! Pa’que metilo cacho calajo, gritaba desaforadamente clamando ayuda que nadie le prestó. El cuadrúpedo, cansado de la carrera se quedó mordisqueando frutas de los lugares de expendio. Un grupo de personas encabezados por el hacendado Pinillos, dueño del animal que había escapado de su.corral, provistos de gruesas sogas acudieron rápido a enlazarlo; tomando cuidado de su belicosidad al tirar de las cuerdas. Andrés maldiciendo a los cuatro vientos, todo magullado, ensangrentado y cojeando de la pierna derecha fue auxiliado una vez dominado el cornúpeta. Furioso exigía que lo resarcieran del perjuicio: ¿quién pagáu calajo? ¿Quién pagáu? ¡Ay! Tolo sacáu miela ¡ay! Lo único que consiguió fue que lo llevara al hospital San Juan de Dios para atender sus heridas.

 

Al salir del nosocomio nuevamente se puso al frente de su puesto de verduras en el mercado con cicatrices en el rostro y rengueando. Con el correr de los años invirtió más dinero extendiendo los linderos de su terreno convirtiéndose en dueño de una gran propiedad, incluso llegó a casarse con una joven mujer oriunda del lugar, adoptando el apellido del padrino, Ferreyra, trayendo al mundo muchos vástagos. 


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Publicaciones

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El interminable viaje de John Chinaman

Novela histórica

Un apasionante viaje que cubre 9,000 millas, atraviesa ocho décadas y abarca tres generaciones de una familia china en el Perú, a través de la historia personal de Aki Li, un inmigrante chino y sus descendientes. La historia nos conduce desde China, al Callao, La Oroya, Huancavelica y Ayacucho para terminar en Pisco en 1920. John Chinaman o Aki Li cada vez es más parte de la sierra y más parte del complejo mosaico que es el Perú. (Adaptado del prólogo de Milton Guerrero)

1987

Ver libro El interminable viaje de John Chinaman

Caen las hojas al viento

Novela histórica

Novela que retrata la vida de los culíes en la hacienda Palto e indaga sobre la manera de pensar y sentir de los culíes que por muchos años habitaron la hacienda algodonera en la provincia de Pisco. En base a cuatro años de recopilación de información, Armando Guerrero trae a nosotros una novela histórica sobre las dinámicas sociales de los chinos en la hacienda Palto en un escenario marcado por la Guerra del Pacífico y la invasión chilena a Pisco.

1998

Ver libro Caen las hojas al viento

Las tinieblas ocultas: ensayo histórico

Ensayo con diálogos de ficción

Retrata la experiencia de los trabajadores culíes en el Fundo Santa Rosa de Caucato, una hacienda de caña de azúcar y algodón en Pisco, y cómo muchos desesperados por las terribles condiciones de trabajo participaron en la invasión chilena al Perú. Relata las historias de Aurelio (Atión Chang) y Andrés (Lung Wong), que se convirtieron en dueños de grandes propiedades y se casaron con mujeres locales. El autor señala: “este es un trabajo desde el punto de vista técnico, histórico y literario, tal como deseaba que fuera a través del tiempo y la distancia”.

2017

Ver libro Las tinieblas ocultas: ensayo histórico

Comentario
literario


Armando Guerrero descendiente de inmigrantes chinos por línea paterna, es autor de El interminable viaje de John Chinaman (1987), una novela histórica que abarca ochenta años y tres generaciones de una familia china. Comienza con la Guerra del Opio de 1840, el fraudulento enganche en Cantón del “culí” Aki Li (John Chinaman, Manuel) y el encierro en Macao, hasta llegar al Callao para trabajar en la construcción del ferrocarril a la Oroya y pasar luego por Huancavelica, Ayacucho y Pisco en 1920. En Caen las hojas al viento (1998), otra novela histórica, Guerrero continúa con su esfuerzo de recuperar la memoria y celebrar el aporte de los culíes chinos al desarrollo agrícola del sur de Perú (en la hacienda algodonera Palto en la provincia de Pisco) durante el siglo XIX. En el ensayo histórico con diálogos de ficción Las tinieblas ocultas (2017) se estudia la experiencia de los culíes; la historia de la hacienda de caña de azúcar y algodón Santa Rosa de Caucato en Pisco; la invasión chilena de Perú y cómo muchos culíes chinos de Perú, liderados por el caudillo chino Quitin Quintana y desesperados por las terribles condiciones en que se encontraban, se pusieron de su lado en la guerra; y la guerra en Pisco en el siglo XIX.


Por: Ignacio López-Calvo